viernes, 30 de diciembre de 2011

Falta de prejuicios

-Seguro que además sacaba todo sobresaliente en el cole, ¿verdad? Pero usted es humana, no me creo que no haya algo, alguna cosilla, por tonta que sea, que no haga mal... -La mira con la media sonrisa que debe poner al hablar a su sobrina de siete años, imagina ella. No está segura de que eso le guste, aunque tampoco le disgusta.
-Soy un desastre en la cama, si le interesa saberlo.
Él parece contener el aliento algo más que un par de segundos, hasta que, con una risotada, rompe el repentino silencio caído entre los dos.
-No se ofenda por mi escepticismo, pero necesitaría pruebas antes de creer tal afirmación.
-Sin embargo, se ha creído lo del concurso literario sin que le enseñe el trofeo de mi estantería.
-Eso es porque escuchándola hablar intuyo que posee un considerable vocabulario además de una capacidad natural para construir frases con cierta gracia; lo que sin duda un tribunal literario habrá sabido apreciar. Me es fácil creerla en esto. Vea que hay cosas que merecen ser investigadas a fondo, con otras basta un poco de fe.
-¿Y en qué se basa para discernir entre uno u otro extremo?
-Voy improvisando.
-Eso es muy poco científico.
-Me sorprende que lo diga. ¿Acaso no cree en el poder de la intuición, usted que es mujer sensible y debe tener mucho de eso?
-Usted es un hombre, si mi intuición no me falla.
-¿A dónde pretende llegar?
-Pues que, independientemente que crea o no en el poder de mi intuición, dada la gran cantidad e infalibilidad de ésta, usted es un hombre y por tanto no tiene intuición femenina que le guíe. Ni siquiera creo que confíe verdaderamente, como científico que se vanagloria de ser, en algo de lo que no tiene pruebas de su existencia.
-¡Vanagloriarme! -ríe-. Entonces, ¿no cree que pueda tener intuición masculina?
-¿Tal cosa existe? Nunca lo leí en los libros, ni siquiera en los de la nueva espiritualidad occidental, o como quiera llamarlos.
-¿Le gusta a usted esa clase de literatura?
-En principio, no desdeño nada de antemano; por muy malo o ridículo que parezca. Se sorprendería de lo que puede aprenderse fuera de la doctrina comúnmente aceptada. Y deje de hacerme preguntas, no se crea que no me doy cuenta de lo que está haciendo.
Él la mira, con cierto asombro.
-¿Estoy haciendo algo?
-Claro que sí. Está haciéndome hablar demasiado, no sé bien si para burlarse de mi o para sonsacar información.
-¿Eso cree? Pero ya ve qué clase de preguntas le hago, ¿acaso piensa que de ellas puedo obtener información realmente valiosa?
-No me refiero al contenido de las preguntas, sino a la intención que hay detrás de formularlas, para analizar mi modo de responder. Usted ha asumido el rol del cuestionador y me ha obligado a mi, con sus dotes persuasivas, a asumir el papel de cuestionada, mientras se oculta y no dice nada de sí mismo.
-¡Bendito sea, está usted muy a la defensiva! -dice riéndose muy divertido-. Le confieso que no creí tener la intención de diseccionarla con tales subterfugios, aunque ahora que lo dice, puede que inconscientemente haya sentido el deseo de hacerlo, pues estoy disfrutando de lo lindo escuchándola. La admiro más ahora, si cabe. Creo que pocas veces me han desenmascarado psicológicamente tan sutilmente como usted acaba de hacer. Dígame, ¿cambia esto su opinión de mi? ¿Qué conclusiones saca de ello, le ha ayudado a comprender mejor mis debilidades? Confío en que así se equilibran las cosas entre nosotros y no se siente usted en desventaja conmigo.
-Empecé a comprenderle hace rato.
-¿Y qué le parezco...? Veo que no responde. Deduzco entonces que nada bueno.
-¿Se da cuenta? Sigue haciéndome preguntas.
Él vuelve a  reír, con una sonora carcajada.
-Me acusa de haber adoptado el rol de cuestionador, pero no se da cuenta que usted misma rehúsa asumir tal papel, y no me hace demasiadas preguntas. A lo mejor es que no le interesa saber mucho de su interlocutor, y no la culpo, pues yo no soy nada atractivo. Dicho lo cual, le doy la respuesta a lo que no me ha preguntado, y le informo que usted me parece genuinamente interesante.
-Me sobrestima, desde luego.
-¿Por qué lo dice...? Oh, discúlpeme: le estoy haciendo otra pregunta. Parece ser innato en mi, lo siento. ¿Sabe que nunca me había dado cuenta de ello hasta ahora? ¡Otra pregunta! -Ella se sonroja un poco-. En fin, como le decía, me parece fascinante, al margen de su propia opinión. Afortunadamente me parezco a usted, y prefiero juzgar por mi mismo sin dejarme influir por lo que digan otros.
-Así que lo confirma: estoy sometida a juicio.
-¿No lo estamos todos, contínuamente?
Lo piensa un segundo, antes de responder.
-Sí. Tiene razón.
Ella cree ver aparecer un brillo especial en sus pupilas cuando la mira, como dos cerillas que repentinamente se hubieran encendido.
-Resulta satisfactorio de un modo intelectual y cuasi erótico escucharla darme la razón, si me permite que se lo diga.
-Se contenta usted con muy poco, entonces -responde ella, sin poder evitar una media sonrisa. Él suspira, desvía la vista a nada en concreto. Vuelve entonces a mirarla.
-Al contrario... oh, al contrario.

El viejo pintor

Al abrir el álbum de fotos me veo a mi mismo hace cinco años: estoy gordo, al menos, si me comparo con el reflejo actual del espejo. El pelo medio largo, descuidado como siempre; ciertas cosas no han cambiado, menos mal. Un cigarrillo entre los dedos, el jersey a rayas con manchas de pintura en las mangas... Sobretodo, aquella sonrisa socarrona colgada de los labios, la que ponía yo antes, cuando me creía capaz de cualquier fechoría.

jueves, 1 de diciembre de 2011

El corazón esteta

Busca la belleza contenida en todo momento y situación, sea esta la que sea. El dolor, la vulgaridad o la miseria no le desalientan de esta tarea, aunque el sobre esfuerzo que le exigen a menudo le conduce a la fatiga sentimental: esto y no otra cosa es lo que les da ese aspecto perpetuamente nostálgico tan característico, como de poeta triste.

Acudir, o no, a la cita

Se ama y se odia a sí mismo con igual intensidad, en un equilibrio imposible, en una estable inestabilidad; de lo que se deduce: no conoce la paz de espíritu. No extraña tampoco que no necesite dormir, y que no lo haga nunca, ni cuando lo hace. Confunde los besos con mordiscos y los mordiscos con besos, de manera que quizá pretenda amar y acabe arrancando la carne a dentelladas. Hay que correr el riesgo, o no.
Quizá creemos tener fuerza para aguantar una sorpresa continua, pero puede que no sea cierto: la mayoría de los humanos necesitan descansar. Es normal, y no hay que entenderlo como un fracaso.

Historia de amor de un opositor y una fracasada

Era más joven que yo, más canijo que yo; mucho más educado, amable, y alegre que yo. La querencia entre los dos despertó pronto, pero no con la misma intensidad en ambos, como por desgracia suele ocurrir. Mi discreto distanciamiento de la última semana fue una forma de decirle que no; así le evitaba la necesidad de preguntármelo en voz alta cuando no le quedara nada por perder, y yo no tenía que pasar el mal trago de responderle. Todo hubiera quedado ahí, sin más historias; sin embargo volvimos a coincidir ante nuestra mutua sorpresa cuando empezó el calor del verano y nos volvió a llamar nuestro antiguo jefe.
Seguía siendo más joven que yo, ahora mucho más que antes, o eso me parecía.
Tostado por el sol, lucía una sonrisa blanqueada en el dentista; había empezado a ir al gimnasio y estaba matriculado en una academia: pagaba setenta euros al mes. Había vuelto allí buscando un trampolín para seguir subiendo. Tras un tumultuoso viaje yo había terminado allí, como último recurso. Mi historia era mucho más larga que contar e incluía despidos, drama, mal de amores; no le conté nada más que mentiras. Y aunque las cosas eran bastante diferentes a como fueron la primera vez, fue inevitable que volviera a despertarse lo mismo entre nosotros. Y eso que yo estaba dispuesta a no querer; pero es que una cosa es lo que una se propone, y otra la realidad... Y la realidad es que yo estaba débil, y que de por sí ya es complicado alejarte de alguien que tiene un deseo tan manifiesto por complacerte. Sabía que no debía, que él no se lo merecía, ¡pero estaba tan necesitada de cariño! Y él, “la chica ideal”, decía; “No como las demás”.
Era mucho más joven que yo. Sonreía mucho más que yo. Opositor a policía nacional de 27 años, fan de los monólogos de El Club de la Comedia; vivía solo y se planchaba su ropa, le encantaba cocinar. También la playa: se alquilaba una hamaca en el chiringuito y era capaz de echar el día entero en la arena sin aburrirse, él sólo: “normalmente, siempre se conoce a alguien”. Por las tardes patinaba, o cogía la bici y se iba al paseo marítimo. Por eso estaba tan moreno, claro. No le gustaba beber: sólo se había emborrachado una vez en su vida. Como era fácil deducir no había fumado nunca, marihuana mucho menos: detestaba cualquier tipo de droga. No le gustaba el centro los sábados por la noche, aunque le encantaba bailar salsa en los locales especializados de las afueras de la ciudad; y lo hacía muy bien, o eso le habían dicho las mujeres. Pero las chicas fáciles no le despertaban mayor interés, le frustraba que sus parejas de baile de culos prietos le dejaran meterles la lengua hasta la campanilla después de invitarlas a unas pocas copas; o peor, que se la metieran a él. “Qué gracia tiene eso”, se quejaba. “No significa nada”. Me contaba todas estas cosas con tal desparpajo y confianza, y yo no podía evitar encariñarme con él. "Busco otra cosa, algo que no es fácil de encontrar”.
Hasta que le conocí, me parecía imposible que un hombre admitiese con tal franqueza su interés por mi. Era muy halagador. También era fácil entender la fuente de su fascinación: si pudiéramos elegir, todos querríamos tener algo especial, ser dueños de algo diferente que no pudiera tener nadie más. Saltaba a la vista que yo era una de esas; ya conocía de sobra esa mirada del que había aceptado un reto al que yo no le había desafiado.
Era igual de fácil dejarse encandilar, que encandilar. Quién me culpará por soñar que al dejarle entrar en mi vida, dejaba entrar algo de cordura y cariño. Sin luchas, sin huidas, sin esa obligación de resistirse; pequeñas certezas en forma de flores, bombones, todas esas manidas cursilerías. ¿No es verdad que podría haberme gustado? ¿Que fueron legítimas mis dudas, que quizá... era un poco de esto lo que necesitaba para ser feliz?
Pero al final fui justa y no acudí a su cita. Salí y me emborraché como una perra hasta casi perder el sentido. Él sólo se había emborrachado una vez en su vida, pensaba yo presa de los sudores fríos; quiere llevarme al cine, a tomar café, paga setenta euros al mes a la academia donde se está preparando para ser policía nacional....
Y cuando él me miraba, yo era parte de ese mundo lleno de bondad y optimismo en el que vivía; porque veía a la niña de risa cantarina e inquieta, sus ojos huidizos de liebre, esas tetas tan pequeñas que habría que rebuscar para encontrarlas debajo de la camisa. Cómo iba a imaginar que la niña soñaba por las noches con monstruos que la devoraban por dentro, comiéndose sus intestinos con un sonido terrible de molinillo de café.
Tan sólo una pequeña parte de mi encajaba en su mundo de bondad, la otra no tenía cabida ni allí, ni en ninguna parte, e intentar meterla hubiera sido una canallada. Pero a esas alturas, ¿cómo podía decirle que estaba tan equivocado conmigo sin hacerle sentir un ingenuo? Porque sabía cuanto sufriría al tenerme sentada en su sofá, ausente, con la certeza que no podía hacer nada para sacarme de la apatía; porque sencillamente no daba para más: porque era demasiado normal, feliz, y bueno, y eso no era suficiente, porque conmigo nunca nada era suficiente. Se sentiría un fracasado por no poder hacerme feliz, y yo me sentiría culpable por hacerle sentir un fracasado por no poder hacerme feliz, y qué manera de destrozarnos el uno al otro tan tontamente.
Ojalá hubiera hallado el modo, pero no hubo manera de rechazarle sin hacerle sentir que había sido engañado vilmente por una zorra impostora. Quizá ya haya aprobado las oposiciones y tenga plaza en algún sitio. Me imagino que en una ciudad con mar, eso espero.

Relojería Suiza

Se presenta con la modestia de un actor secundario, una sonrisa de duende en la boca fina: hola, que tal, tanto gusto, mi nombre es nosequién. Luego, una anécdota relacionada con algún personaje literario que se llama como tú, o de algo que le pasó en el barrio donde resides. La charla se va siguiendo entre todos con la cadencia de un baile ligero de salón.
Si has despertado su interés lo sabrás enseguida: pierde la vergüenza que una le imaginaba, le ves que se acerca y se sienta a tu lado sin más, con un vasito que como caballero que aparenta debiera contener un buen vino, aunque lo más probable es que lleve cerveza; te hace mil preguntas: las cejas ligeramente arqueadas, un brillito en los ojos, de nuevo esa media sonrisa que te distraiga un poco, haciéndote pensar en cuáles serán sus verdaderas intenciones. No parará hasta desconcertarte un par de veces y ver como reaccionas: esto es lo que él llama un primer tanteo. Sólo si le dejas convencido de que puedes mantener el ritmo pasaréis al segundo nivel. Allí ya no te servirán los modales de mademoiselle, y no veas en esto una crueldad de su parte, por favor, más bien considéralo un gesto de caballerosidad: si no has podido contestar a sus ocurrencias de tahúr, no va a dejar que te humilles con desafíos mucho mayores a tus capacidades.
No hablará mirándote a la boca, ni te dará atributos de diosa que sabes que no mereces, tampoco presumirá a tu oído de sus destrezas cunnilingulares; vaya, es no quiere llevarte a la cama todavía, sólo comprobar que eres capaz de entenderle cuando de comienzo a la traya dialéctica del tercer nivel, lanzada en frases largas y enunciadas a un ritmo vertiginoso. Divertido es un buen rato, si es que no te importa acabar sonrojándote un par de veces. Quiero decir: no todos tenemos buen perder. Piensa antes de seguir adelante, porque tras esto no hay muchas pistas señales notas que sobresalgan del pentagrama; puede que creas que vas bien, que tu mano de cartas promete, hasta que le oigas reír con risita tantalizadora: he aquí la señal inequívoca de que caíste en su trampa. Si quieres un consuelo, es difícil ganar a unas neuronas que no pasarían el control de dopaje; tú aún estás pensando cuando él hace un par de segundos que siguió la secuencia lógica de tu pensamiento y ya está allí: esperando que le respondas algo que ya conoce, y lo hace con esa sonrisilla que se le
escapa sin querer, la señal de que ya sabe algo de ti que tú no.
En todo es así como te digo, metódico y perfecto (ya veo que quieres saber, pero eres demasiado tímida para preguntarlo), también haciendo el amor es tan impecable e implacable como un reloj suizo.
El problema básico es subestimarlo, pues pone un interés considerable no sé si consciente o inconsciente en no destacar demasiado, entonces, a una le cuesta imaginarlo en toda su excelencia, y la pilla por sorpresa. Piensa en los héroes de las películas, en los villanos. Y en que nadie se para a estudiar a los actores secundarios, por esto es que son los más peligrosos de todos: capaces de robar el tesoro mientras todos miran a otra parte del plano.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Diálogos de los besugos de Platón

-Todo el mundo tiene algún placer culpable... Algo que sabes que no debería gustarte, y aún así, no lo puedes evitar. Como si ese algo en particular contuviese una fuerza magnética irresistible, un núcleo oscuro, de agujero negro cósmico que ejerciera su poder de atracción sobre ti, vence tus defensas, subyuga totalmente tu voluntad, explota en tu sistema límbico y te deja echa una papanata en el suelo, anhelante y quejumbrosa como un gatito chico.
-¿Por ejemplo?
-No sé -piensa un momento-. ¿David Bisbal? Qué. ¿No has visto como mueve las caderas?


viernes, 25 de noviembre de 2011

El excombatiente servio

Es un chico alegre, muchos dirían que hasta charlatán. Pocos le conocen lo suficiente para saber que parte de su jovialidad es una pose que oculta un carácter mucho más frío y seco: como el de alguien no acostumbrado a conseguir lo que desea. O el de aquel que lo entrega a otros sin que le tiemble un músculo del rostro. Tal vez uno de esos que viven su pérdida en secreto, o uno que se juró no llorar jamás por ello, o no sé... un poeta.   

lunes, 17 de octubre de 2011

Anatomía de lo invisible


Todo el mundo te conoce. Sabe lo que sientes. A qué tienes miedo.Tus deseos más oscuros, y los claros. Lo que sueñas mientras te abandonas al tedio de la media tarde. Qué te hace reír, qué llorar. Dónde hay que tocarte. Qué significa el gesto automático que haces con las manos, sin pensar. Se vanaglorian de saber qué ser humano eres. Y a fuerza de repetirlo, algunos podemos empezar a creerlo. Pero luego dudo: pues cómo podemos saber algo que ni siquiera dios sabe.

lunes, 10 de octubre de 2011

Anatomía del cerebro

Es el final de todas las terminaciones nerviosas. Eso quiere decir que puedes llegar a sentir a través de dos caminos: el largo, por cualquier parte del cuerpo. El corto, haciéndote pensar.



jueves, 6 de octubre de 2011

Un temperamento apasionado


Se consume poco a poco, lentamente, convectivamente; perdiendo masa, comprimiéndose así misma, ganando densidad. En su interior los electrones se agitan a velocidades cada vez más endiabladas debido a la falta de espacio. De tal modo parece demasiado peligroso acercarse a la pálida luz de una de estas enanas blancas.


domingo, 11 de septiembre de 2011

A sus reales pies

Salía a pasear, la acompañaban dos amigas, o quizá dos chicas del servicio, pues iban más escuetamente vestidas y sonreían con mucha más humildad; una a cada lado como perros guardianes (y realmente tenían esa mirada feroz de grandes mastines). Yo la miraba de lejos, admirando y detestando simultáneamente sus ademanes de princesa: tan indiferente, con tan poco interés en todo.
La ola llegó sin avisar. La vi venir con la boca abierta, sin tiempo para gritar el grito que tenía naciendo en la cabeza. Se las llevó a las tres, arrastrándolas muchos metros de distancia hasta que la ola se fue debilitando y se perdió por los escalones que bajan de la plaza. Pasados unos instantes de confusión, la vi levantarse a trompicones. Su hermoso vestido medio deshilachado, el pelo un remolino enmarañado, los ojos muy abiertos. Sus acompañantes gimoteaban suavemente, sin ser capaces de ponerse en pie. Pronto, alrededor de las tres se formó un coro de curiosos que las observaban silenciosos e incólumes como estatuas de dioses.
La princesa se levantó un poco el vestido, pude oír su sollozo desconsolado. Uno de sus pies asomó, magullado y amoratado, entre los dedos se dibujó un gran corte del que la sangre empezaba ya a manar con intensidad.
No paró de llorar cuando logré llegar hasta su pie y lo besé con delicadeza. Yo era la única persona que podía curarlo, y por eso sonreía y me sentía tan feliz por dentro, pues había encontrado mi misión en la vida, y por fin se cumplía mi certeza, largamente intuida, que estaba unida a la de vida de ella. Fui dejando su pie limpio hasta que no quedó rastro de sangre. Ella había callado. Levanté el rostro, vi que al fin nos mirábamos.

lunes, 1 de agosto de 2011

Con cinco sentidos


Vista
Cada uno tiene su carácter, sus caprichos y manías: piensa que es necesario toda una vida de estudio y dedicación para aprender a conocer bien a los Señores Colores. A veces un rincón feo es más digno de ser recordado que otro bonito, porque la belleza no es la belleza, sino el mensaje que transmite. Como siempre sabe la hora que es en sus sueños por la tonalidad que tiene el cielo, entiende que las cosas hay que mirarlas con concentración para ubicarlas correctamente en el tiempo y en el espacio; no basta con mirar y sólo mirar: fijarse en los detalles, los brillos, las transiciones del azul al amarillo y todo lo demás. 

Oído
Hay una escalerita que conecta el tímpano directamente con la memoria, por eso son tan fundamentales las canciones para recordar fechas. El tono de voz es bastante primordial, termina de dar carácter a una persona, y por eso insiste en que debería prohibirse por ley cambiar el doblador de un actor. Que las olas del mar son dormir, y verano; y la lluvia contra el cristal es sofá e invierno: cosas incuestionables de la vida.

Gusto
Lo sencillo y lo heterodoxo, como una mezcla de avellanas, y curry, y jamón, y patatas fritas, y nata con mucha mantequilla, y canela en casi todo lo que se le pueda echar. Más lo salado que lo dulce; amargo, a veces. Agrio, casi nunca.

Olfato
Arma biológica altamente sofisticada, actúa de manera sútil a dos grados bajo la superficie, lo que complica su detección previa. El ataque subsiguiente sobreviene de variadas formas: siempre se presenta con un anhelo repentino y despiadado, a veces acompañado de picores, o un ligero mareo, un incómodo cosquilleo en el lóbulo central, termina viniéndose abajo todo el sistema inmunológico.

Tacto
De manitas nerviosas, se pueden volver muy destructivas de repente. Fijarse bien en lo que se le da, no perderlo de vista: ya te partió las manecillas de aquello, sacó la pieza del borde en un insistente y repetitivo descuido, lo despedazó cruelmente y dejó sus despojos sobre la mesa. Tocar, lo que es tocar, toca poco. Le falta delicadeza y persistencia para ser eso que hace 'tocar', lo que le pasa a todos los pajarillos.

lunes, 18 de julio de 2011

La alucinación


No sabría decir exactamente por qué,pero hay sábados que son diferentes al resto de sábados, sábadosque son especiales. Quiero decir, que empiezan pareciéndolos.Mírenme como sonrío, como arqueo las cejas con una arroganciaelegantísima: hoy, es uno de esos sábados. Será la luna llena. Será la dopamina.Yo que sé lo que será. El conductor del autobús parece seguro delo que es, y se dedica a mirarme las tetas al devolverme el cambio,lo cual me confunde a la par que me inquieta, tampoco sé por qué.Media hora más tarde llego al centro, y descubro que meestaba esperando en la parada. Al llegar al local uno de susamigos se acerca a recibirle, se dan el típico apretón de manosmasculino, intercambian las típicas miradas por las que deduzco quehan hablado de mi, y se lanzan las típicas bromas al respecto en un lenguajesecreto que sólo entienden los dos. Yo les sonrío, por si acaso. Intento no parecer vulnerable,sólo expectante. Cerveza, gracias. Me ha puesto una mano enel hombro, ¿verdad? Ni siquiera estoy escuchando lo que medice, no puedo concentrarme con suboca tan cerca. Vuelvo a sonreír, digo que sí a todo. De todasformas a él tampoco parece importarle demasiado lo que estádiciendo mientras simule que le escucho: es un acuerdo tácitoentre los dos.
Entonces una de sus amigas se acerca, lepregunta algo. Él responde. La chica se ríe, él se ríe, y yo merío, otra vez por si acaso. Vuelve a pasar una segunda vez, y hastauna tercera. A la cuarta todos hemos llegado a la conclusión queno le está preguntando algo, sino iniciando una conversación. Esmuy guapa, con unas piernas de esas kilométricas que dan algo devértigo recorrer de una sola mirada y yo me rindo sin presentarbatalla. Creo que voyaprovechar para ir al baño.

Tres horas después, la cerveza me hadejado un regusto amargo que me recuerda a otras noches decadentescomo esta. He bebido demasiado, o demasiado poco. Sea lo que sea, elequilibrio alcanzado es totalmente insatisfactorio.
-¿Que ya te vas? Pero si es muytemprano...
-Estoy cansada, ha sido un día muylargo en el trabajo.
-¿Qué tal una última copa enmi casa?
Un cambio tan brusco de perspectiva mehace volver la cabeza como un calcetín. No me resulta fáciltransformar la fatalidad en sublime felicidad, y menos aún disimular dicho proceso químico. Necesito tiempo, tiempo, tiempo...
-No sé... -tiempo, tiempo, tiempo.
-¡Venga! ¡todavía es pronto parairse a dormir!
-Es que estoy tan cansada... -¡Tiempo, tiempo! ¡Aprisa! Una vez más, sólo una... Él aprieta las mandíbulas. No vuelve a insistir. Timelimitexceeded. Yo tampoco. Ni le digo que me llame mañana. Probablementeen cuanto me vaya lo volverá a intentar con él, y por qué iba a resistirse ya. Así se escribe lahistoria de mi vida. Encima no te quejes. ¡Pero sihubiera insistido una vez más! Claro, échale la culpa, ya que esevidente que tú has puesto todo el esfuerzo del mundo. Y qué quieres, no lo puedo remediar.Pues si tu no lo puedes remediar vamos listos, chata. A lo mejor te convendría probaralgo, a ver qué pasa. Algo como qué. Siquiatría. Drogas. Un látigo, una lobotomía. Las opciones son heterogéneas.

En el cuarto de baño aguanto otraarcada. Oye, esto empieza a convertirse en una de esas noches tanpatéticas. Tiro la ropa en cualquier rincón de la habitación, medejo caer en la cama. Me ha dado una sorpresa, me ha seguidoen el taxi, se ha colado por la ventana. Esta aquí: esperándome enla cama. 
En la oscuridad, oigo un susurro. Separece más bien al eco de una risa. Pero no le estoy prestandoatención: soy una borracha, al borde del sueño, medio enredada enuna fantasía erótica. Pero la risa sigue escuchándose. ¿Será un fantasma? Me apoyosobre los codos. La oscuridad se traga mi mirada escéptica. Unos segundos más tarde, distingo lo que parecendos lucecitas rojas observándome con atención, y un terremoto depánico me sacude de pies a cabeza.
-Hola -se oye.
En un gesto violento, llevo la manohasta el interruptor de la luz. Puedo oír a mi corazónbombeando sangre a una velocidad de vértigo. La criatura de ojosrojos me observa sentada sobre sus patas traseras.
-Hola -repite.
Siento el impulso de gritar, pero no mesale la voz. ¿Me está sonriendo? Levanta el hocico y husmea elaire.
-Tu miedo tiene un perfume delicioso,si me permites el atrevimiento.
-¡No... no...! Desaparece...
-¿Sin invitarme antes a un café? ¡Quémodales, princesa!
-No eres real -gimo. Pues claro que noes real. Por supuesto que no es real. ¿Cómo demonios va a ser real?La hiena avanza un par de pasos, dejando ver un cuerpo pesado ymusculoso.
-No soy real, y sin embargo, estoyaquí. To be... or not to be... Me gusta tu habitación. ¿Lahas decorado tú?
-¿Qué es lo que quieres?
-No lo sé. Depende.
-¿De qué?
-Más bien, de quién. De ti, claro.
Me incorporo de un salto, sentándomeen la cama en un arranque de rabia, cierro los ojos con fuerza.
-¡¡No eres real!! ¡¡No quiero vertemás, desaparece!!
Al abrirlos sigue ahí,sonriéndome de medio lado. Sé que no es real, por supuesto que noes real, ¿cómo demonios va a ser real? Cuando hace el gesto deavanzar hacia mi se me escapa un gritito, me aplasto contra la pared,con el corazón a mil por hora.
-Tranquilízate, princesa, o te va adar algo malo.
-Dios mío: no volveré a fumar nada ilegal nunca más, ¡lo prometo! ¡Por favor Dios, haz quedesaparezca! ¡Te lo prometo! ¡Te lo prometo...!
La hiena me mira en silencio,pestañeando con parsimonia.
-"Dios mío, te prometo no se qué y no se cuanto". Patético, inclusopara ti.
De repente, arrugo el ceño, y sientoque por encima del miedo, despierta en mi un deseo impetuoso deprotestar.
-¡Discúlpeme! Ha sido una noche rara,estoy en un fuerte estado de embriaguez, y muy cansada. Lo que menosme apetece ahora es escuchar las críticas de un bicho imaginario.Así pues, si no es mucho pedir, le pido que se desaparezca.
-¿Tan pronto?
-¡Son las cinco de la mañana!
-Pero yo acabo de llegar. Me estástratando como a una mala cita.
-¿¿Yo??
-He venido de muy lejos, sólo por ti.Y me dices que me marche sin ofrecerme un refresco, un bocaditosiquiera.
Encojo los pies instintivamente.
-No sé que decirle, señor... ¿hiena?No era mi intención hacerle perder el tiempo, pero le puedo jurarque yo no le pedí venir. Siento muchísimo el malentendido. Y ahora leruego que se marche.
La hiena suspira.
-Para tener estudios universitarios, noeres muy lista, ¿no? -Vuelvo a arrugar el ceño-. Piensa un poco,princesa. ¿Quién, si no tú, iba a invitarme a venir a tu cama alas cinco de la madrugada? Soy un fantasma de tu inconsciente, no elperro de tu vecina.
-¡Bueno! No suelo... Tengo... unequilibrio muy delicado. Quiero decir, que es bastante fácildesequilibrarlo. ¿Comprende? ¡Mire, yo tampoco! He bebidodemasiado, ¿podemos dejarlo ahí?
-El caso es, princesa, que unaparte de tu desequilibrado cerebro me ha traído aquí y por lovisto no quiere que me vaya, pues aquí sigo, ¿no? ¿Meves? ¡Hola! Tú me dirás qué hacemos.
-¡¡Yo no quiero que hagamos nada!!
Los ojos de la hiena relampaguean.Parece que se empieza a enfadar.
-¿Me vas a dejar todo el trabajo,verdad? ¡Válgame el cielo! Eres una hipócrita consentida.
-¿¿Disculpe?? ¡Yo sólo quierodormir!
-No me fastidies...
-Oiga, no digo que sea imposible queparte de... esa parte que ahora no controlo, en su... 'locura'...
-¿Qué me dices si empezamos por algopequeño? Mmm. ¿Un dedo meñique, quizá? Total, no te sirvende mucho.
-¡¡NO!!
Sus ojillos brillan con intensidad.Juraría que son capaces de leerme el pensamiento, y hasta la floraintestinal.
-Por supuesto. ¿Por qué clase devisión monstruosa de pacotilla me has tomado? Al fin y al cabo soytu creación, deberías esperar más de ti misma. Vamos, vamos. Dejade mirarme así. Piensa que, por muy paradójico que te resulte, noharé nada que tú no quieras que haga.
-No sé si eso me tranquiliza.
-Princesa... podemos hacerlo fácil, odifícil. Como tú quieras. Tú mandas.
-No te entiendo.
-Claro que me entiendes.
-Yo no mando nada. Si mandara algo, noestarías aquí.
-Y sin embargo eres tú quien me hallamado. Y mi teléfono no suele sonar demasiado, ¿sabes? No soy loque se dice... popular. Pero hay un feeling natural entre túy yo. Lo noto. Por eso has acudido a mi. 
-¿Entre tú y yo...?
-Nos parecemos,nos comprendemos. Feas y siniestras, y las dos nosreímos de lado.
-¿Me has llamado fea?
-No te enfurruñes, querida. No es tanmalo, las feas están infravaloradas. Escondéis tantas cosassabrosas dentro, pegadito a las vísceras... -lahiena rompe la frontera que nos separa acercando su morro hasta micon una suavidad impropia de su bestialidad. Apoya su grueso ymusculoso cuello sobre mi cama. Lucho por no dar un respingo-. Tucarne. Hueles muy bien, ¿sabes?
Me río nerviosamente.
-Sí que sabes cómo tratar a unachica...
-Sé que preferirías oír otro tipo decumplidos, chiquita, pero soy un depredador voraz, no tu príncipeazul -No hace falta que lo jures, joder. Ella ríe como ríen lashienas, me da escalofríos-. Pero yo te sabría querer mucho mejor que ninguno de ellos. No sé qué piensa ese chico tan guapo tuyo,pero a mi me pareces muy apetecible y no te voy a dejar escapar por nada del mundo -se relame, dejando veruna lengua grisácea y carnosa.
-Gracias, supongo...
-No prometo que vaya a gustarte;pero será intenso, te lo garantizo.
-¿Gustar...?
-Que muerda tu carne, triture tushuesos, les saque el tuétano; que roa lo que quede. Que te devorehasta que no quede una pizca de ti.
Me río tontamente, esperando que no senote el repentino rubor en mis mejillas.
-Pareces muy emocionadodescribiéndolo...
-Es la anticipación. Mi estómago está bullendo de emoción de sólo mirarte.
-¿Estómago? Osea que,lo de comerme, ¿es literal?
-¿Qué va a ser si no, una metáfora?Soy una hiena. ¿Crees que he venido a hacerte cosquillas?
-Entonces creo que no me interesa.
-'Entonces creo que no me interesa...' ¿Ni en la antesala de lamuerte abandonas el sarcasmo?
-No estoy en la antesala de muerte.Estoy borracha, drogada, hablando con mi propia alucinación.
-Una alucinación en forma de hiena.
-Soy así de original.
La hiena lanza un gañido al aire.
-¡No te rías! Puedo destrozarte siquiero.
-¡Si yo quiero!
-Ya veo que empezamos a ver las cosascon más claridad.
-Se me estará pasando. Probablemente te quede muy poco para desintegrarte y desaparecer parasiempre en la nebulosa de mi inconsciente.
-Bueno. Pero aún tenemos tiempo de charlarun rato más.
-Creo que ya he tenido bastante porhoy, gracias.
La hiena se ríe con crueldad. De unsalto, se sube en la cama y se abalanza sobre mi. Ahogo un grito.Debería estar asustada, pero, no es real, ¿vale? No piensoasustarme. No lo haré. No estoy temblando.
-¡Aún nos queda lo mejor!
-¡Déjame! ¡Vete! -le pego un empujónpara apartarla, pero pesa como si estuviese hecha de granito. Mecuesta respirar, más por el miedo que por otra cosa. Casi condulzura baja su enorme hocico hasta mi vientre; histérica, trato dedetenerle con las manos, pero de una sola dentellada me saca lastripas. Ni siquiera soy capaz de gritar. Cierro los ojos. No es real.Claro que no es real. Por supuesto que no puede ser real. ¡Pero,duele! No puedo respirar. Moriré de un ataque de ansiedad provocadopor una alucinación que me devora las tripas, y nadie lo sabránunca... Me parece tan triste. De repente, tengo ganas de llorar.Todo está blanco. Tan blanco que me molesta a los ojos, inclusocerrados. Mis manos engarrotadas buscan en medio de la nada, pero nohay a qué sujetarse.
-El dolor es una buena señal. El dolores real... -Pero, ¿quién ha dicho eso? 
 
Yo, claro. Quién si no. No hay nadie más.

martes, 12 de julio de 2011

Pongamos que


Podría decir muchas cosas. Debería, pero por qué perder el tiempo diciendo cuando podemos imaginarlo. Pongamos, por ejemplo, que estoy aquí, con el pelo revuelto y una maleta llena de pegatinas de muchos rincones del mundo; que vine nadando desde islas remotas del pacífico donde el aire olía a salitre; o quizá, de atravesar el desierto en el que llovían todas las noches estrellas del cielo. Cualquier cosa resultará más divertido que decir que estoy donde estoy, y que vine de cualquier lugar, simplemente porque tengo ganas de estar aquí. Y poco más.


domingo, 22 de mayo de 2011

Esperanza


Si no por la ilusión puesta en que, en algún lugar, en algún momento... aparecería ese dios, ese hombre, ese ideal, ese No Sé Cómo Llamarlo; que despertaría en ella, no ya el eterno anhelo, sino la certeza de poder cambiar el mundo, y quien dice el mundo decía su país y quien dice su país decía su vida y quien dice su vida decía su corazón y quién dice su corazón decía el mundo. Porque la revolución, escribe Esperanza en su cuaderno, es lo más parecido a enamorarse.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Anatomía de una nariz

Y quizá ella piensa que tiene una nariz demasiado grande para ser femenina, pero a mi me encanta y desearía tener una como la suya. La forma inquisitiva y un tanto insolente que tiene de adelantarse en el espacio, recia y sin dudas, directa, imposible de ignorar... Me acuerdo ahora de aquel texto de Kafka, fulminado en el tranvía por la fascinante oreja de una señorita, sorprendido porque la misma no se maravillase del portento que asomba del cuello de su vestido.

viernes, 18 de marzo de 2011

Así hablaría: Annibal Lecter

Al momento dedujo que llevaba todo el día fuera, entretenido, haciendo cosas; que hacía muchas horas de la ducha de la mañana y la capacidad de los jabones para esconderle había desaparecido por completo: olía a desnudez. A su lado en la butaca, le llegaba el perfume de su carne lo mismo que si no llevara la ropa puesta; lo cual no era desagradable en absoluto.

jueves, 17 de marzo de 2011

miércoles, 16 de marzo de 2011

Así hablaría: Atalanta

Yo no soy feminista. Me caen bien, pero me detestarían cuando les contara que sueño con encontrar a un hombre superior a mi en inteligencia y astucia que lograra vencer mis defensas y hacerme su esclava. Por eso sigo soltera.

martes, 15 de marzo de 2011

Anatomía del caos


Todo es susceptible de ser interesante por razones que sorprenden hasta al dueño de tal consciencia. Con la práctica, descubrir las motivaciones personales de los demás termina convirtiéndose en una sencilla partida de Cluedo. Si no tienen a nadie a quién investigar, volverán a la eterna investigación sobre sí mismos con similar interés (desapasionado y analítico). La perpetua curiosidad les hace difícil el descanso, por lo que a menudo se sentirán estresados y parecen nerviosos. Y esto si una mente así no se torna directamente temeraria: llegados a cierto punto será difícil retenerla de investigar incluso los más oscuros tabúes. Como siente la misma curiosidad despreocupada de un niño, no entiende de escrúpulos; hay que tener mucho cuidado de no verse arrastrado por ella a descubrir los límites del espacio, la forma, y el propio cuerpo en su afán por saberlo todo. Su egoísmo nace de la necesidad y el interés casi infantil que tienen de los demás para probarse así mismos.

martes, 8 de febrero de 2011

La niña que se tropezaba con el techo


La joven Sofía llevó una vida feliz y tranquila en el pueblo hasta que cumplió los 19 años. Esa fiesta acabó pronto, mucho antes de lo que habían previsto sus amigos, pues Sofía tuvo que ir a acostarse aquejada de terribles dolores en las articulaciones y unas fiebres de cuarenta. Cuando despertó a la mañana siguiente, resultó que había crecido metro y medio. Había destrozado las costuras del pijama nuevo que le acababa de regalar su madre, y se dio un golpe terrible con el techo al incorporarse; de tal modo que todo lo que pasó aquella mañana lo recuerda como una ensoñación, debido a la fuerte conmoción sufrida. Sus padres, muy preocupados por el asunto, la llevaron al ambulatorio del pueblo. Allí le hicieron analíticas de todas clases, pero sin resultados concluyentes. Hubo de pasar un par de semanas hasta que llegaron las pruebas de los laboratorios y enterarse del diagnóstico: un tumor cerebral inoperable que la hacía crecer desmesuradamente. No era mortal, aunque sí bastante molesto.

-Necesitará medicación para no seguir creciendo - les dijo el médico-. Y aún así, no hay una garantía al 100%... estas cosas son muy difíciles de controlar.

Sofía aceptó la noticia con algo de alegría. Al menos, seguiría viva, se consolaba. Aunque estaba feliz porque su vida no corría peligro, había de reconocer que su existencia empeoró considerablemente con su nueva altura. No había ropa ni calzado de su talla. Todo se lo tenían que hacer a medida, hasta la ropa interior (¡qué vergüenza!). No había dinero para comprar una casa nueva de techos más altos, ni reformar la que tenían, por lo que la vida en el hogar se volvió bastante incómoda para Sofía que tenía que pasar casi todo el tiempo agachada. La mayoría de sus amigos le dio de lado: según le dijeron en una carta de despedida: 'no te lo tomes como algo personal, es difícil ser amigo de un gigante y no parecer ridículo'. Por no hablar del ambiente familiar en sí, pues desde su transformación, sus padres no dejaban de discutir y esto hacía sentir muy culpable a Sofía.

-Tampoco es para tanto -decía el padre-. Simplemente, es un poco más alta que la media española.

-¿Un poco más alta? ¡Tu hija mide dos metros y medio! ¿Qué hombre va a querer casarse con una mujer que le saque dos cabezas? -sollozaba la madre.

Escuchando tales cosas subiendo por la escalera hasta sus oídos, Sofía no podía evitar pasar las noches enteras mirando al techo con los ojos abiertos, pensando cómo sería el resto de su vida de gigante.  La falta de sueño, la frustración, y el sempiterno dolor de cuello, la sumieron en una severa depresión; y se pasaba las horas encerrada en su cuarto sin querer ver a nadie. Ante esta situación, su madre decidió invitar a casa al abuelo, con el que Sofía siempre había compartido una relación muy especial, con la esperanza de que su compañía ayudase a la niña a salir de su ensimismamiento.
El día que el viejo llegó, no pareció sorprenderse de la gran estatura de su nieta. Se abrazó a su cintura (que era hasta donde le alcanzaban los brazos), y le lanzó dos besos voladores con la palma de la mano. Nada dijo del asunto, ni ese  día ni el siguiente, ni al otro. Hasta que por fin, una tarde cualquiera compartiendo una merienda familiar en el porche, la miró con atención y dijo:

-Y bien, ¿por qué me dijisteis que estaba enferma? A esta niña no le pasa nada.

-Papá -intervino el padre con evidente irritación-. La niña tiene un tumor inoperable.

-Paparruchas.

-Abuelo, ¿no me ves? -suspiró Sofía-. Soy muy grande.

-Es este pueblo, que se te ha quedado chico. Tengo muchos años en mis huesos doloridos, y no eres el primer caso que veo. Necesitas un sitio más alto.
Así fue como el abuelo convenció a los padres de Sofía para que la dejaran coger un avión a un horizonte más ancho, donde vivían otras personas con tumores como el suyo que les hacían seguir creciendo muy pasada la edad de hacerlo; y en el que encontró algo parecido a la felicidad, si ustedes creen que eso existe.

sábado, 8 de enero de 2011

Cuaderno de botánica


Estas plantas son de veras escasas y muy difíciles de ver, pues sólo crecen en el ambiente gélido de las más altas cumbres. Sus raíces aéreas se abren al éter en busca de brisas frescas de las que alimentarse y a las que confiar sus preciadas semillas. Siempre habrá cerca una fuente de agua: entre nuestras gentes su presencia se considera prueba inequívoca de la existencia de pozos, fuentes, e incluso si se encuentra concentrada de forma muy abundante, de lagos escondidos en la profundidad de la roca, razón por la que se la conoce popularmente como: “Flor de Lago" o "Flor de Cuevas”.
Imposible hasta ahora lograr su aclimatación al valle, al menos a día de hoy no conozco a nadie a lo ancho del país que lo haya logrado, aún cuando me consta que se la ha intentado introducir en nuestros jardines con gran interés, pues desde antaño se la ha considerado flor de reyes. Ello es, sin duda, la razón principal de su alta estima entre nuestras gentes, más aún que la propia belleza de sus flores y hojas, por lo demás pequeñas, hirsutas y desordenadas; de un gusto excesivamente silvestre, si me preguntan.