Estas plantas son de veras escasas y muy difíciles de ver, pues sólo crecen en el ambiente gélido de las más altas cumbres. Sus raíces aéreas se abren al éter en busca de brisas frescas de las que alimentarse y a las que confiar sus preciadas semillas. Siempre habrá cerca una fuente de agua: entre nuestras gentes su presencia se considera prueba inequívoca de la existencia de pozos, fuentes, e incluso si se encuentra concentrada de forma muy abundante, de lagos escondidos en la profundidad de la roca, razón por la que se la conoce popularmente como: “Flor de Lago" o "Flor de Cuevas”.
Imposible hasta ahora lograr su aclimatación al valle, al menos a día de hoy no conozco a nadie a lo ancho del país que lo haya logrado, aún cuando me consta que se la ha intentado introducir en nuestros jardines con gran interés, pues desde antaño se la ha considerado flor de reyes. Ello es, sin duda, la razón principal de su alta estima entre nuestras gentes, más aún que la propia belleza de sus flores y hojas, por lo demás pequeñas, hirsutas y desordenadas; de un gusto excesivamente silvestre, si me preguntan.