Se presenta con la modestia de un actor secundario, una sonrisa de duende en la boca fina: hola, que tal, tanto gusto, mi nombre es nosequién. Luego, una anécdota relacionada con algún personaje literario que se llama como tú, o de algo que le pasó en el barrio donde resides. La charla se va siguiendo entre todos con la cadencia de un baile ligero de salón.
Si has despertado su interés lo sabrás enseguida: pierde la vergüenza que una le imaginaba, le ves que se acerca y se sienta a tu lado sin más, con un vasito que como caballero que aparenta debiera contener un buen vino, aunque lo más probable es que lleve cerveza; te hace mil preguntas: las cejas ligeramente arqueadas, un brillito en los ojos, de nuevo esa media sonrisa que te distraiga un poco, haciéndote pensar en cuáles serán sus verdaderas intenciones. No parará hasta desconcertarte un par de veces y ver como reaccionas: esto es lo que él llama un primer tanteo. Sólo si le dejas convencido de que puedes mantener el ritmo pasaréis al segundo nivel. Allí ya no te servirán los modales de mademoiselle, y no veas en esto una crueldad de su parte, por favor, más bien considéralo un gesto de caballerosidad: si no has podido contestar a sus ocurrencias de tahúr, no va a dejar que te humilles con desafíos mucho mayores a tus capacidades.
No hablará mirándote a la boca, ni te dará atributos de diosa que sabes que no mereces, tampoco presumirá a tu oído de sus destrezas cunnilingulares; vaya, es no quiere llevarte a la cama todavía, sólo comprobar que eres capaz de entenderle cuando de comienzo a la traya dialéctica del tercer nivel, lanzada en frases largas y enunciadas a un ritmo vertiginoso. Divertido es un buen rato, si es que no te importa acabar sonrojándote un par de veces. Quiero decir: no todos tenemos buen perder. Piensa antes de seguir adelante, porque tras esto no hay muchas pistas señales notas que sobresalgan del pentagrama; puede que creas que vas bien, que tu mano de cartas promete, hasta que le oigas reír con risita tantalizadora: he aquí la señal inequívoca de que caíste en su trampa. Si quieres un consuelo, es difícil ganar a unas neuronas que no pasarían el control de dopaje; tú aún estás pensando cuando él hace un par de segundos que siguió la secuencia lógica de tu pensamiento y ya está allí: esperando que le respondas algo que ya conoce, y lo hace con esa sonrisilla que se le
escapa sin querer, la señal de que ya sabe algo de ti que tú no.
En todo es así como te digo, metódico y perfecto (ya veo que quieres saber, pero eres demasiado tímida para preguntarlo), también haciendo el amor es tan impecable e implacable como un reloj suizo.
El problema básico es subestimarlo, pues pone un interés considerable no sé si consciente o inconsciente en no destacar demasiado, entonces, a una le cuesta imaginarlo en toda su excelencia, y la pilla por sorpresa. Piensa en los héroes de las películas, en los villanos. Y en que nadie se para a estudiar a los actores secundarios, por esto es que son los más peligrosos de todos: capaces de robar el tesoro mientras todos miran a otra parte del plano.
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