lunes, 28 de diciembre de 2009

El niño que quería involucionar

Es un lunes de Marzo primaveral y luminoso y los chavales del instituto aprovechan para calentarse al sol. Felipe es uno de ellos, aunque más bien parezca de otro mundo. Es un adolescente delgaducho, pálido, de pelo perennemente revuelto por mucho que lo peine por las mañanas antes de salir de casa. Siempre ha sido un niño enérgico, nervioso y bastante cabezota, pero su nivel de agitación ha venido a exacerbarse con su cada vez más turbulento impulso sexual, lo que se evidencia en su ceño fruncido y sus labios ligeramente tensos, expresión que parece haberse congelado en la cara con el aumento de la testosterona. En realidad no cuenta más de quince años, aunque aparenta quizá unos diecisiete desde que el verano pasado las piernas se le estiraron 10 cm. de golpe y toda la grasa infantil de las mejillas se le secó de pronto, y con ella, la ingenuidad.
Felipe no sabría decir si ha sido un niño feliz o no, su opinión varía dependiendo de cómo se levante. Sabe que vivir dentro de su estrambótica familia no es fácil, ¿pero por otro lado, en cuál lo es? Su madre Marcela, alto cargo sindical en la fábrica de papel del pueblo, ya era todo un personaje mucho antes de que él viniese al mundo. Tachada de problemática desde sus protestas estudiantiles en el instituto, con una ligera tendencia a decir las cosas gritando que pone a todo el pueblo a la defensiva, volvió, tras licenciarse Honoris Causa, con una barriga y colgada del brazo de un guiri de gran ciudad, 6 cm. más bajito que ella, agricultor ecológico de día y poeta por las noches, del que nadie ha aprendido a pronunciar su nombre con exactitud después de 16 años de convivencia. Con estos precedentes sabe que cualquiera estaría predispuesto a odiarle incluso antes de terminar de gestarse en la barriga de su madre.
Después de ser parido las previsiones se cumplieron: Felipe nunca ha sido el rey de la fiesta precisamente. Por una razón u otra, ya fuera por las estrafalarias blusas étnicas que llevaba al colegio o porque con 5 años ya sabía saludar en cinco idiomas, la gente no terminaba de encajarlo en ningún sitio (y menos a su lado). El hecho de pedir voluntariamente el puesto de portero en los recreos le había asegurado, al menos, una década de tolerancia en el colegio. Pero su nueva altura a la que aún no ha terminado de adaptarse ha hecho que su tiempo de reacción se triplique, le ha vuelto lento, torpe y en definitiva, un peligro en cualquier portería. Y c'est fini. En lo que lleva de curso se ha metido en cinco peleas y a saber las que le quedan por disputar, porque si algo le sobra a Felipe (y en general a todos los adolescentes del mundo) es ganas de probarse cual ciervos berreantes.
Con las chicas Felipe lo lleva aún peor, y eso que durante todos estos años han sido mucho más comprensivas con su carácter exótico. Pero ahora que cada vez que una se le acerca siente el impulso de empujarla contra la pared y restregarse contra ella como un perrillo jadeante, se ve obligado a rehuirlas como si fueran el mismísimo diablo.
Quizá para compensar la falta de contacto con humanos Felipe se ha visto obligado a apoyarse en otra clase de criaturas, tales como insectos, pájaros y pequeños reptiles que su padre tiene la costumbre de criar en el jardín o en el sótano. Su gran capacidad de observación y sus dotes lingüísticas han hecho que Felipe acabe comprendiendo sus diferentes idiosincrasias, de tal modo que a pesar de las diferencias en la escala evolutiva los bichos se sienten cómodos a su lado y él al lado de los bichos. Incluso considerándose así mismo como una criatura superior, Felipe envidia sus vidas sencillas y puras, pues nunca van en contradicción con sus naturalezas. Algo envidiable ahora que desearía llevar la bandera roja izada todo el tiempo. Ellos, sencillos y puros como son, no acaban de entender por qué Felipe y por ende el resto de sus congéneres humanos, se complican tanto la vida con lo fácil que es olerse el culo.

jueves, 17 de diciembre de 2009

El vuelo

Maika descubrió que podía volar una mañana de febrero a eso de las once y cuarto de la mañana, cuando se disponía a tender la colada. Sin darse ni cuenta, notó que se volvía ligera y etérea, sensación a la que por otra parte estaba acostumbrada, ya que era de natural soñadora. Así pues, no le dio más importancia hasta que en un momento indeterminado se percató de que estaba tendiendo las sábanas en el tenderete de la vecina del segundo.
Tras su descubrimiento sorprendente de aquella mañana, Maika no se había atrevido a volver a salir a tender durante más de una semana. Pero era demasiado tedioso tender en el cuarto de baño, especialmente en invierno, porque los jerséis tardan una eternidad en secarse colgados encima de la ducha. Así pues, transcurridos siete días Maika tuvo que volver al patio interior, con la cesta de la ropa cogida bien fuerte entre sus brazos para que el peso le anclara los pies en el suelo.
Empezó a tender la ropa cautelosamente, vigilando sus pies por si estos empezaban a elevarse sospechosamente, pero nada ocurrió. Así pues, a medida que pasaban los minutos, Maika se despreocupaba con la misma rapidez. Hasta que en un momento indeterminado fue a coger uno de los jerséis de su hijo Juan y vio la cesta a dos metros de distancia, bajo sus pies.
Justo al día siguiente pidió cita en el médico por si le pasaba algo a su centro de gravedad, pero en las radiografías no salió nada. Científicos de todo el mundo se reunieron para estudiar su caso, concluyendo que se trataba de una extraña mutación genética que había reactivado las partes comunes de su ADN con el de las aves o algo así, la verdad es que se había perdido a mitad de la estrambótica explicación y había dejado de escuchar. Su marido para animarla le dijo que en realidad ser pariente de las aves era más o menos lo mismo que ser pariente de un ángel, aunque dicho con otras palabras. Lo cual en la Iglesia fue considerado demasiado impío, pero dio a Maika su lugar en el mundo.

domingo, 12 de julio de 2009

Lost in translation

Margarita, apoyada en la balaustrada de la escalera con pudorosa indiferencia, ofrece su perfil al caballero inglés. Éste, ansioso por enaltecer su belleza la llama “gacela”, pues ayer se deleitó con poemas de tiempos Omeyas y tiene la mente llena de criaturas gráciles, palmeras, oasis, y luna llena, pero se confunde al traducir y acaba alabando su “tierno rostro de ciervo”. Ella, poco acostumbrada a las metáforas orientales, baja los ojos, sin saber si tomárselo como un piropo o un chiste.
El deseo flota en el ambiente con aromas florales, y el caballero se marea un poco.
-¿No le gustan mis requiebros, señorita? -pregunta el inglés acercando su rostro y atusándose el bigote. La joven reprime una risita ante su extraña manera de expresarse-. Sepa usted que me resulta doloroso encontrar las palabras adecuadas que definan su belleza. Siento que la lengua se me revela, las palabras juegan conmigo, se ríen de mí.
-Querrá decir "difícil" -le corrige ella suavemente.
-¿Perdón?
-Ha dicho que le resulta doloroso encontrar las palabras adecuadas... querrá decir “difícil”, señor. “Doloroso” implica sufrimiento, dolor.
El inglés vuelve a atusarse el bigote y le clava las pupilas de forma impúdica. Posa una mano enguatada en el antebrazo desnudo de ella, que desvía fugazmente la mirada hacia la avanzadilla sin ademán de oponer resistencia. La presionan suavemente para que se gire y lo mire de frente, a lo que accede.
-Entonces, permítame que me reafirme. Pues aunque no lo crea una parte de mi sufre un tremendo dolor sólo con mirarla.
La punta de la aristocrática nariz del caballero casi le araña las mejillas de lo cerca que están. El inglés inspira impetuoso una bocanada de aire, tragándose sin darse cuenta parte del oxígeno que le correspondía a Margarita, que se tambalea. Ambos se miran en silencio.
-Dígame una cosa, señor.
-¿Sí, querida?
-¿Desea follar conmigo esta noche?
El inglés la mira sin expresión definible en el rostro, como si esperase que la joven hiciera una pregunta diferente a la que acababa de hacer.
-¿Perdón...?
Margarita, sonriendo suavemente, traduce la frase al inglés con un acento de Cambrigde impecable. Los ojos del joven relampaguean cuando el cerebro procesa lo que acaba de oír. Retira la mano enguatada, da un traspiés. De repente la piel de ella le quema con un calor insoportable. Su ego se revela sintiéndose atacado por alguna razón que no comprende. Carraspea, pues el tiempo y el silencio corren en su contra. Elabora una enigmática respuesta oracular que no es ni una afirmación ni una negación.
La sonrisa de Margarita se enfría poco a poco en sus dulces labios. Se aleja un paso de él. Le vuelve de nuevo el decoroso perfil, mientras se arregla el lazo del sombrero. Se inventa alguna cosa que hacer, se disculpa por no dejarle que se explique mejor, y ambos se despiden, profundamente indignados el uno con el otro.

lunes, 11 de mayo de 2009

El amor es un globo de helio, o el astrofísico enamorado

No sé bien cómo explicarlo, pero ya que me lo pide, lo intentaré: siento que en su presencia, a medida que me voy acostumbrando al terrible colapso que me provoca usted en un primer instante, cuando puedo volver a respirar y la sangre vuelve a mis venas, ¿cómo le diría? Las cosas se tornan más sencillas (cuando digo 'cosas' me refiero a un concepto amplio de la palabra: a mi existencia entera). Las inquietudes que me acosan se vuelven cada vez más transparentes, como si sufrieran una descomposición celular; todas esas pequeñas preocupaciones, necesidades y deseos que forman mi vida, se funden, se desdibujan, adquiriendo formas cada vez más simples, hasta llegar a una rotunda circunferencia, sin esquinas, ángulos, dobleces. Y de repente, todo empieza a cobrar sentido, o quizá a perderlo totalmente, qué se yo. Comienzo un proceso de aligeramiento gradual hasta tornarme efímero, tanto, que llego a ser menos pesado que el aire. Entonces, me elevo a los cielos, me elevo, me elevo y elevo cada vez más alto, hasta rozar la estratosfera… y le juro que no sé cuantos mundos podría atravesar de esta manera, porque me falta imaginación para inventarme tantos, pero al menos diez millones.
No sé si me ha entendido: el amor es más difícil de explicar que las leyes de física cuántica.

viernes, 1 de mayo de 2009

Constitución-constituyente

Preámbulo

La Nación Errante y Delirante de los Rapsodas, deseando establecer la locura, la anarquía y la escritura sin censura, y promover el enajenamiento mental de cuantos la integran, en uso de su poder ilimitado para obligar a todos sus ciudadanos a satisfacer sus caprichosos deseos, proclama su voluntad de: Garantizar la convivencia autocrática dentro de la Constitución y de las Leyes en este extraño y exótico país inventado, conforme a un orden literario y estético singular, dependiendo de los gustos de cada cual.

En consecuencia, Las Cortes aprueban y los Rapsodas ratifican lo siguiente:

Titulo Primero. De la Nación errante y delirante.

I. La Nación Errante y Delirante se constituye en un Estado ficticio y autocrático que propugna, como valores fundamentales de los ciudadanos que la componen, la escritura, la poesía, la canción, la locura transitoria, los garabatos, la protesta indiscriminada, la crítica feroz y encarnizada a la par que constructiva, así como cualquier otra forma de inspiración, sin distinción de clase, origen o manifestación.

II. La Nación Errante y Delirante constará de dos héroas fundacionales de ilimitado poder político, quedando reservado el derecho a crear más ciudadanos de pleno derecho a su libre arbitrio (nota: se aceptan jamones ibéricos).

III. La misión de esta comunidad es fomentar una áurea disciplina con la que contrarrestar la holgazanería patológica de los Rapsodas, que son gente bella y poética que se dedica a cantar y componer de forma oral, y luego todo se lo lleva el viento, como decían en aquella famosa película.

IV. La Nación Errante y Delirante tiene como dios supremo a Saturno, también conocido como Papá Saturno, que ejerce como Jefe del Estado y maestro tutelar, al cual dedicaremos todas nuestras obras y locuras. Para su mayor gloria y honor, le será sacrificada mensualmente una torta de tofu en forma de vaca con la que supuestamente, según las sibilas que mastican laurel y balbucean cerca de las pozos de azufre, propiciaremos que su gracia caiga sobre nuestras cabezas (Nota: ningún animal fue sometido a torturas o trato degradantes durante la promulgación de esta Constitución ni en sus festejos posteriores, ni lo será tampoco en el futuro. Como es un estado ficticio, todos fingiremos ser vegetarianos. Nota II: Lo de los jamones ibéricos era broma. Nota III: Las sibilas se colocan -en el sentido de: 'se sitúan'- cerca de los pozos por propia voluntad, nadie ha ejercido, ejerce o ejercerá ningún tipo de coacción sobre ellas).

V. Los Rapsodas se reservan el derecho de preparar festividades adicionales con gran pompa y confetti de colorines en épocas especiales del año, como las Saturnalias, la Navidad, Pentecostés, la entrega de los Oscars, y algún finde que anden borrachos y sublimes.

VI. Las héroas fundacionales se reservan el derecho así mismo de iniciar el procedimiento de reforma de la Constitución en su totalidad o parcialmente, siendo necesaria una mayoría de dos mitades al cuadrado de cada clase para poder llevarlo a cabo, siempre que el resultado sea un número primo.



Esta comunidad se declara así misma constituida y parida,
En Málaga, día 1 de Mayo de 2009.