lunes, 20 de septiembre de 2010

Oda a la sangre derramada en vano


¡Oh, caballero Cruzado de brillante armadura! Que vuelves al hogar tras tantas batallas bajo la bandera de lo Sagrado. Cuánto no habréis recordado a estas tierras frescas y fértiles cabalgando apesadumbrado en los desiertos del Oriente infiel.
Las gentes del castillo salen a mirar. Pero sin entender que tiene esto de puro. Bajáis del hermoso corcel con el corazón animoso y regocijado: dais las gracias a Dios por regresar al hogar con vida y honor. 
Os inclináis a besar
la tierra,
las rodilleras
¡no ceden!
Dais
con el rostro
en el suelo.
¡Os partís
los dientes!
brota la sangre
como una fuente.
Se os oye gemir
un “¡ay!” de dolor.
Brota la sangre
como un río. 
Os levantáis
torpemente
mareado
y confundido,
(y sin la ayuda de nadie).
Refulge el peto bajo el sol como forjado en miles de rubíes: la sangre lo bañaba como el mar. Gemidos de dolor.
Los vecinos al fin comprenden. Se admiran: "¡oh! ¡la belleza de la sangre derramada en vano!". Y enfervorizadas gritan vivas, gritan salves, 
y gritan 
al fin 
vuestro nombre.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Otoño

A penas se le oye venir: Otoño es un chico tímido, de mirada lánguida. Llega con suavidad, sin grandes alardes, siempre discreto: sólo trae un gorrito y su maletita de cuero.Te encuentra el Otoño acurrucada al borde del camino, soñando con la lluvia y los nublados. Le gusta pasar, a Otoño, las tardes sentado bajo un árbol, leyendo poesía y fumando en pipa. De cuando en cuando levanta el rostro al cielo, observa un momento el transcurrir pesado de las nubes, suspira. Si te acercas puede oírse un leve rumor que cae de sus labios, casi sin darse cuenta.
Otoño va llenando el bosque y el corazón de ensueños: de dorados, ocres, rojos. Llena de dulzura lo que estaba seco; inculca a los frutos la fuerza de espíritu con la que afrontar el frío que ha de llegar. ¿Quién soñaría que de la madera nacerían hijos tan dulces?