Y quizá ella piensa que tiene una nariz demasiado grande para ser femenina, pero a mi me encanta y desearía tener una como la suya. La forma inquisitiva y un tanto insolente que tiene de adelantarse en el espacio, recia y sin dudas, directa, imposible de ignorar... Me acuerdo ahora de aquel texto de Kafka, fulminado en el tranvía por la fascinante oreja de una señorita, sorprendido porque la misma no se maravillase del portento que asomba del cuello de su vestido.
Vivan las narices, las orejas y los ojos arquitectónicamente fascinantes.
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