domingo, 25 de marzo de 2012

Cuestión de escala


Sus zapatos nuevos reflejaban débilmente la luz de la luna. El agua de la orilla los había salpicado y y se le habían pegado algunos granos de arena entre las costuras y bordes de la suela.
Yació sobre la arena, bocabajo, manos bajo la barbilla y codos extendidos, observando los zapatos ante sí el tiempo suficiente para que dejaran de ser zapatos. El objeto se liberó de la idea y empezó a convertirse en otra cosa. Curvas sinuosas, capas, piel, costuras, relieves. Piezas intrigantes de un rompecabezas, volúmenes que cobraban vida en el espacio, reflejando sutilmente la fría luz de la luna, posados sobre la arena, mecidos en su lecho sinuoso e incierto de partículas minúsculas.
Un pequeño cúmulo de granos se derramó empujado por el movimiento de las patas de un escarabajo. Arriba y abajo el escarabajo atravesaba dunas de arena, cruzando el desierto nocturno y húmedo de la playa. Se preguntó dónde iría. Pequeño viajero de caparazón reluciente. Pronto desapareció, engullido por la oscuridad de la noche.
Este era un extraño mundo de enigmas, de polvo de roca, de sal y de agua. Un umbral hacia algún lugar que empezaba a tomar forma desde una aparente confusión. Los zapatos que ya no eran zapatos parecían querer hablar.
Se sentía como un gigante que se tumba sobre la arena y deja de ser lo que es para simplemente observar, fusionándose con lo que le rodea, tomando consciencia de cada mota de arena, del surco que deja un escarabajo al pasar, de las salpicaduras de océano evaporándose sobre la superficie brillante de un zapato, de la forma en que las uñas brotan de los dedos y del bello e hipnótico geometrismo de líneas y planos que surcan la piel humana en apretada cuadrícula.
Todo eso lo veía ahora dándose cuenta de que no lo había visto antes, y se preguntó cuántas escalas existen en los mapas, y qué clase de mundo contemplará un escarabajo negro azabache.
Se levantó, se sacudió la ropa, se colocó los zapatos. Caminó por la arena que se hundía y crujía ligeramente bajo sus pies. En el paseo marítimo había mucha gente. Los miró. Había algo tan insulso en una única escala para leer los mapas...
-He entendido algo muy importante -dijo al llegar a casa-. Que en verdad lo de “hacer una montaña de un grano de arena” puede suceder literalmente, si eres lo bastante pequeño. 



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